lunes, 9 de mayo de 2016

Reseñas "Efectos Secundarios"

Mayra Santos-Febres dice en la reseña que hace a la novela: Lo que resulta sorprendente en la novela es que Rosa Beltrán haya podido cazar el mundo “de la fantasía”  con la cruda realidad de la violencia transpolítica.  Y lo doblemente asombroso es que “Efectos secundarios” se adentre en la cosmología íntima de un momento histórico manteniendo un tenue balance entre el ying y el yang, lo masculino y lo femenino, la metaliteratura y la literatura como crónica. Pero eso ya se lo había enseñado su maestra Virginia Woolf y también su maestro Jun Rulfo. Ver el mundo como mujer no es lo mismo que vivirlo como hombre.  Tampoco es lo mismo ver el mundo como vivo, que verlo como muerto. Cambiar de sexo (o de estado de existencia) a su antojo podría ser un arma reveladora de realidades. Pero como el “yo lector” pretende ser “asexual” y “atemporal”- lo mismo hombre que mujer y en un estdo alterado de existencia- suponen los  críticos literarios- Rosa Beltrán escoge a ese personaje “lector” como el punto cero desde el que parte para poner en marcha las transformaciones de su novela.

Mónica Lavín de su reseña de Efectos secundarios destacamos: ¿Es la ficción una manera de leer la realidad o es la realidad una manera de la ficción que leemos aunque no nos lo propongamos? Aquel mundo que nos rebasa porque se escribe sin que se escriba o porque siempre se está escribiendo así como siempre se está leyendo más allá de los bordes del impreso o la pantalla, es la paradoja donde Rosa concentra su original mirada, su reflexión profunda acerca de nuestro presente.  





Nicolás Alvaradoa titula la reseña como "Rosa Beltrán está borracha", destacamos el segundo párrafo de esta opinión de Nicolás: El vértigo pronto se acentuó. Porque, mientras el narrador de Beltrán se embarca en un sutil elogio de la lectura -y una acerada denuncia de la frivolidad literaria-, no deja de escuchar, en sordina, los ecos de la guerra que azotan a su ciudad. La situación se volvió lacerante: allí estábamos, en la presentación de un libro sobre presentaciones de libros, a solo unos metros del lugar donde días atrás fueron encontrados 26 cuerpos sin cabezas. A mis ojos, Efectos secundarios se convirtió en la mejor metáfora de esta feria: una ácida diatriba contra la frivolidad de la violencia.

Ana García Bergua dice de Rosa Beltrán que es una narradora que entre muchas otras cosas se pregunta en qué consiste la llamada felicidad. Su acercamiento a los libros de autoayuda es parte de este abordaje, entre humorístico y melancólico, de la insatisfacción. Siento que en este libro da un salto hacia una literatura más audaz, permeada por nuestra época incierta y a la vez cuestionadora de la identidad: ¿seremos lo que (no) leemos? Un libro al que la realidad puso en escena de manera tan ostentosa y brutal en la Feria de Guadalajara, debe ser un gran libro.

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