domingo, 10 de abril de 2016

Cuerpo y mente



Es lindo pensar que las mujeres nos merecemos una poesía en honor a nuestra muerte sólo si somos lo bastante bonitas, ¿verdad?
El segundo tema que cabe destacar del libro de Rosa Beltrán, es la lucha que la autora hace contra una sociedad, la mexicana, altamente machista y patriarcal. México sigue siendo (desafortunadamente) un país donde «las intelectuales mexicanas – para decirlo con las palabras de Laura Adicino – siguen luchando, aún hoy, para no tener que defender su trabajo».
Cuando conviví, durante todo el cuatrimestre pasado, con dos chicas mexicanas, me sorprendió siempre mucho expresiones como: “No sé qué voy a hacer si me suspenden. Mi papá me pagó todo el viaje” o “Si mi padre me da el permiso, voy a volver a España para hacer el máster”. Aunque las madres sean amas de casa y que no ganen dinero, ¿no son siempre genitores de sus hijas? ¿El dinero en familia no está en común entre madre y padre? ¿No debería mi compañera pedir permiso también a la madre, además de que a su padre? De esas frases me di cuenta de que aún queda mucho a México, como a muchos otros países de este mundo, para llegar a ser un país igualitario.
Hipatia, la primera mujer matemática, escribió sobre geometría, álgebra y astronomía, mejoró el diseño de los primitivos astrolabios e inventó un densimetro.
Me parece que ha llegado el momento, y a Rosa Beltrán le parece también, de que las mujeres se levanten y pretendan el respeto no solamente de sus cuerpos, sino también de sus mentes. Sus voces han sido (y siguen siendo) ignoradas por el simple hecho de ser pronunciadas por mujeres. Pero, ¿qué pasaría si una mujer se fingiera hombre para ser escuchada?
Dejo este asunto para una próxima entrada y, a seguir dejo una cita de Efectos secundarios para resumir esta breve publicación.





«Y las autoras de mi país mueren cada una dos muertes. Una, la muerte física, y otra, el olvido.»

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