Seguimos hablando de Orlando.
¿Qué tipo de personaje es Orlando? Orlando es un personaje que cambia. De hecho
cambia en cada capítulo. Se descubre y se acepta. Quien no lo acepta es el
mundo exterior. No encajando en ningún tipo de etiqueta, Orlando está obligado
a esconderse, a disfrazarse. Pero disfrazarse supone entrar en una parte, crear
un personaje de sí mismo que necesita vivir en un mundo suyo, y este mundo es
precisamente la realidad. De esta manera, el verdadero Orlando necesita
desahogarse de una manera. Desde aquí nace su necesidad de leer.
La literatura es otro tema fundamental,
muy importante para Rosa Beltrán. «La literatura tiene una función precisa –
dice durante una entrevista – es un refugio contra todo lo que pasa fuera, en
el mundo real». Orlando encuentra en la lectura su mundo ideal, un mundo donde
crece y cambia según donde su le lleve. Por esta razón cambia a lo largo de
toda la novela. Por eso, aunque no lo/la paguen, Orlando sigue en el no-trabajo
de presentar libros.
«Una vez abierto el libro, echo los
ojos a correr por su cuenta y los dejo libres, como adolescentes que se
estrenan a la vida. Un principio mínimo de independencia para ellos y para mí,
dado que vivimos juntos. Ellos en lo suyo, yo en lo mío, como debe ser, cada
uno sin interferir en la vida del otro. Al menos yo lo intento. Leo entre
líneas. Ellos, en cambio, no siempre actúan así. A veces, quizá con más
frecuencia de la que yo querría, los ojos llaman mi atención. Me avisan de lo
que han “descubierto”. Porque ésa es la palabra que usan. Algo intrascendente,
por lo regular, muy trillado. Una estrella apagada millones de años luz atrás.
Pero como no puedo sentirme, ni me siento, superior a mis ojos, me limito a
fingir atención y les sonrío. Ellos se sienten satisfechos de haberme mostrado
algo, contentos de sus correrías. Así que ambos podemos seguir con nuestro
trabajo, sacando cada cual lo mejor que puede.»
A través de la lectura Orlando
«saca cada cual lo mejor que puede». ¿Qué tiene que ver esto con la
teoría feminista? Pues, pregunto yo: ¿Con qué no tiene que ver? A lo largo de
los dos siglos precedentes las feministas y su crítica no han hecho nada más y
nada menos que reivindicar el principio de libertad a descubrirse en el cuerpo
y en la mente, en la identidad sexual y en el género, sin vínculos por parte de
la sociedad, sin prejuicios y sin estereotipos.
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