viernes, 22 de abril de 2016

Lo que mis ojos leen



Seguimos hablando de Orlando. ¿Qué tipo de personaje es Orlando? Orlando es un personaje que cambia. De hecho cambia en cada capítulo. Se descubre y se acepta. Quien no lo acepta es el mundo exterior. No encajando en ningún tipo de etiqueta, Orlando está obligado a esconderse, a disfrazarse. Pero disfrazarse supone entrar en una parte, crear un personaje de sí mismo que necesita vivir en un mundo suyo, y este mundo es precisamente la realidad. De esta manera, el verdadero Orlando necesita desahogarse de una manera. Desde aquí nace su necesidad de leer.
La literatura es otro tema fundamental, muy importante para Rosa Beltrán. «La literatura tiene una función precisa – dice durante una entrevista – es un refugio contra todo lo que pasa fuera, en el mundo real». Orlando encuentra en la lectura su mundo ideal, un mundo donde crece y cambia según donde su le lleve. Por esta razón cambia a lo largo de toda la novela. Por eso, aunque no lo/la paguen, Orlando sigue en el no-trabajo de presentar libros.

«Una vez abierto el libro, echo los ojos a correr por su cuenta y los dejo libres, como adolescentes que se estrenan a la vida. Un principio mínimo de independencia para ellos y para mí, dado que vivimos juntos. Ellos en lo suyo, yo en lo mío, como debe ser, cada uno sin interferir en la vida del otro. Al menos yo lo intento. Leo entre líneas. Ellos, en cambio, no siempre actúan así. A veces, quizá con más frecuencia de la que yo querría, los ojos llaman mi atención. Me avisan de lo que han “descubierto”. Porque ésa es la palabra que usan. Algo intrascendente, por lo regular, muy trillado. Una estrella apagada millones de años luz atrás. Pero como no puedo sentirme, ni me siento, superior a mis ojos, me limito a fingir atención y les sonrío. Ellos se sienten satisfechos de haberme mostrado algo, contentos de sus correrías. Así que ambos podemos seguir con nuestro trabajo, sacando cada cual lo mejor que puede.»
A través de la lectura Orlando «saca cada cual lo mejor que puede». ¿Qué tiene que ver esto con la teoría feminista? Pues, pregunto yo: ¿Con qué no tiene que ver? A lo largo de los dos siglos precedentes las feministas y su crítica no han hecho nada más y nada menos que reivindicar el principio de libertad a descubrirse en el cuerpo y en la mente, en la identidad sexual y en el género, sin vínculos por parte de la sociedad, sin prejuicios y sin estereotipos.

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