Lo
primero que destaca en el libro es sin duda el inicio con un pequeño flashback
de hace un par de días. El protagonista, totalmente anónimo, está presentando
un libro (está es su profesión, o mejor dicho, su no profesión, más adelante se
explicará el porqué), cuando de repente una periodista se levanta y pregunta,
de manera puramente retórica, qué haría el autor mañana si estuviera donde está
ahora, en esa sala, sala en la que se reunirán mañana el presidente mexicano y quienes
pactan con el narcotráfico. Digo que es una pregunta puramente retórica porque
la mujer, sin darle el tiempo al autor de contestar empieza a hablar de los
siete miembros de su familia secuestrados por la mafia sudamericana.
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| Rosa Beltrán |
No
está mal el inicio, ¿verdad? En las primeras veinte líneas ya hemos tocado el
argumento principal de la trama, el que apena a Rosa Beltrán: el problema del
narcotráfico que aflige a su país. Rosa Beltrán no tiene evidentemente miedo ni
paciencia hacia estos delincuentes. Los quiere matar a todos con sus palabras. Contra
la violencia física que la mujer mexicana (y en general toda mujer) ha tenido
que sufrir, la autora aclara ya qué arma va a utilizar y contra quiénes. Al hilo
de sus navajas Rosa Beltrán contrapone su pluma afilada. Ella denuncia. Con o
sin miedo (esto no podemos saberlo), ella denuncia. Como dice la presentación de
su libro en su web oficial: “la literatura se muestra como la única vía de
escape a la extrema violencia.”
¿Qué
tiene que ver con el feminismo, el género y la literatura? Pues porque la
denuncia que hace Rosa Beltrán no se limita a la mafia solamente. Primero, a lo
largo de la novela, se fija precisamente en la “especial” violencia reservada a
la mujer, y en segundo lugar nos enseña un sistema de corrupción que se
extiende a todos los niveles sociales: los carteles de la droga, las fuerzas
del orden, pero también el ciudadano normal y corriente. Aquí va la página del
libro donde se muestra con más evidencia el tipo de violencia que sufren las mujeres
contemporáneas de México:
“Mientras ciudades completas arremeten contra
ellas y se convierten en la Ciudad de la Muerte, como Ciudad Juárez, mientras
mujeres jóvenes y bonitas desaparecen misteriosamente en las calles y aparecen
como cadáveres abandonados en el desierto, mientras la muerte alcanza a las
víctimas con cromosomas xx de manera tan oscura, yo espero. Observo cómo llevan
a las mujeres a media calle, en el centro de las ciudades, a plena luz del día,
y cómo son halladas con los senos corroídos o amputados, las cabezas rapadas
como prosélitos o locas de otro tiempo, los cuerpos marcados o acuchillados
porque sí. Mujeres que no entran en un perfil, que no pertenecen a un grupo
sino al Gran Grupo de las Mujeres por las que se ha gestado un nuevo tipo de
violencia, más brutal y menos honorable, si es que se puede hablar de honorabilidad en un
asesinato, que el de cualquier otro individuo que no tenga cuerpo de mujer [...] son masacradas por los carteles de la droga o por miembros de la
policía estatal o por simples individuos, sin razón aparente…”
Rosa Beltrán, Efectos secundarios


Por mi experiencia directa, puedo decir que la
situación no es solamente la que aparece en el libro. ¿Por qué? Pues, porque,
como siempre, la principal división que se hace de una sociedad es la de la
clase social. Hay una “sociedad bien” donde el narcotráfico no se atreva a
entrar, siempre y cuando los miembros de dicha élite no se atreven a salir de
ella. Una mujer, por mucho que sea rica (¡atención! de familia, no por sus méritos
profesionales), sufrirá el mismo fin que una mujer pobre, si se va a pasear por
un barrio poco recomendable. Pese a no ser condenadas como las connacionales de
la clase baja, sin embargo ellas tampoco se pueden considerar totalmente
libres. De hecho, ¿quién consideraría libertad el obligo a ciertas normas de comportamiento
y de vestimenta o la prohibición de ir a algunos lugares y en algunas horas?
*Nota: todas las fotos (excepto la de la escritora Rosa Beltrán) forman parte de un proyecto llamado "Scars of life's series" del fotógrafo italiano Daniele Deriu y son totalmente ajenas a los hechos contados en Efectos secundarios de Rosa Beltrán. He pensado utilizar las fotos para dar un impacto visual a la cita del libro. Una parte de las mujeres de las fotos, sin embargo, sí ha sufrido algún tipo de violencia, como describe el fotógrafo: "Cuento historias de mujeres que se enfrentan cotidianamente contra todo tipo de batalla personal: patologías, deficiencias, abusos, aun contra ellas mismas" (Deriu, 2016).
Les reconmiendo a todos una visita al sitio del proyecto: illogico.it - Daniele Deriu photography | photo-philosophy and artwork
Les reconmiendo a todos una visita al sitio del proyecto: illogico.it - Daniele Deriu photography | photo-philosophy and artwork









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