miércoles, 6 de abril de 2016

Palabras navaja contra la violencia



Lo primero que destaca en el libro es sin duda el inicio con un pequeño flashback de hace un par de días. El protagonista, totalmente anónimo, está presentando un libro (está es su profesión, o mejor dicho, su no profesión, más adelante se explicará el porqué), cuando de repente una periodista se levanta y pregunta, de manera puramente retórica, qué haría el autor mañana si estuviera donde está ahora, en esa sala, sala en la que se reunirán mañana el presidente mexicano y quienes pactan con el narcotráfico. Digo que es una pregunta puramente retórica porque la mujer, sin darle el tiempo al autor de contestar empieza a hablar de los siete miembros de su familia secuestrados por la mafia sudamericana.
Rosa Beltrán
No está mal el inicio, ¿verdad? En las primeras veinte líneas ya hemos tocado el argumento principal de la trama, el que apena a Rosa Beltrán: el problema del narcotráfico que aflige a su país. Rosa Beltrán no tiene evidentemente miedo ni paciencia hacia estos delincuentes. Los quiere matar a todos con sus palabras. Contra la violencia física que la mujer mexicana (y en general toda mujer) ha tenido que sufrir, la autora aclara ya qué arma va a utilizar y contra quiénes. Al hilo de sus navajas Rosa Beltrán contrapone su pluma afilada. Ella denuncia. Con o sin miedo (esto no podemos saberlo), ella denuncia. Como dice la presentación de su libro en su web oficial: “la literatura se muestra como la única vía de escape a la extrema violencia.”
¿Qué tiene que ver con el feminismo, el género y la literatura? Pues porque la denuncia que hace Rosa Beltrán no se limita a la mafia solamente. Primero, a lo largo de la novela, se fija precisamente en la “especial” violencia reservada a la mujer, y en segundo lugar nos enseña un sistema de corrupción que se extiende a todos los niveles sociales: los carteles de la droga, las fuerzas del orden, pero también el ciudadano normal y corriente. Aquí va la página del libro donde se muestra con más evidencia el tipo de violencia que sufren las mujeres contemporáneas de México:

“Mientras ciudades completas arremeten contra ellas y se convierten en la Ciudad de la Muerte, como Ciudad Juárez, mientras mujeres jóvenes y bonitas desaparecen misteriosamente en las calles y aparecen como cadáveres abandonados en el desierto, mientras la muerte alcanza a las víctimas con cromosomas xx de manera tan oscura, yo espero. Observo cómo llevan a las mujeres a media calle, en el centro de las ciudades, a plena luz del día, y cómo son halladas con los senos corroídos o amputados, las cabezas rapadas como prosélitos o locas de otro tiempo, los cuerpos marcados o acuchillados porque sí. Mujeres que no entran en un perfil, que no pertenecen a un grupo sino al Gran Grupo de las Mujeres por las que se ha gestado un nuevo tipo de violencia, más brutal y menos honorable, si es que se   puede hablar de honorabilidad en un asesinato, que el de cualquier otro individuo que no tenga cuerpo de mujer [...] son masacradas por los carteles de la droga o por miembros de la policía estatal o por simples individuos, sin razón aparente…”

Rosa Beltrán, Efectos secundarios










Por mi experiencia directa, puedo decir que la situación no es solamente la que aparece en el libro. ¿Por qué? Pues, porque, como siempre, la principal división que se hace de una sociedad es la de la clase social. Hay una “sociedad bien” donde el narcotráfico no se atreva a entrar, siempre y cuando los miembros de dicha élite no se atreven a salir de ella. Una mujer, por mucho que sea rica (¡atención! de familia, no por sus méritos profesionales), sufrirá el mismo fin que una mujer pobre, si se va a pasear por un barrio poco recomendable. Pese a no ser condenadas como las connacionales de la clase baja, sin embargo ellas tampoco se pueden considerar totalmente libres. De hecho, ¿quién consideraría libertad el obligo a ciertas normas de comportamiento y de vestimenta o la prohibición de ir a algunos lugares y en algunas horas?



*Nota: todas las fotos (excepto la de la escritora Rosa Beltrán) forman parte de un proyecto llamado "Scars of life's series" del fotógrafo italiano Daniele Deriu y son totalmente ajenas a los hechos contados en Efectos secundarios de Rosa Beltrán. He pensado utilizar las fotos para dar un impacto visual a la cita del libro. Una parte de las mujeres de las fotos, sin embargo, sí ha sufrido algún tipo de violencia, como describe el fotógrafo: "Cuento historias de mujeres que se enfrentan cotidianamente contra todo tipo de batalla personal: patologías, deficiencias, abusos, aun contra ellas mismas" (Deriu, 2016).

Les reconmiendo a todos una visita al sitio del proyecto: illogico.it - Daniele Deriu photography | photo-philosophy and artwork

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