viernes, 22 de abril de 2016

La ambigüedad del género



Ha llegado el momento de aclarar las portadas de las dos impresiones del libro. Y voy a empezar por la edición que lleva la portada, según yo, más atractiva: la con Virginia Woolf, Wilde e Kafka.
¿Dónde está Kafka en esta novela? ¿No dijimos que el protagonista lee libros uno detrás de otro? ¿Por qué nunca se habla de Kafka? En realidad, todo el cuento está permeado por la poética de Kafka; el temario kafkiano es muy amplio, por lo que lo desarrollaré en más de una entrada.
Lo primero que hay que aclarar es que no hay una única visión en la interpretación de Kafka: de hecho, a lo largo del siglo XX, muchas corrientes filosóficas lo retomaron y adaptaron a sus pensamientos. La primera temática de hoy entonces es: la ambigüedad. Una ambigüedad que encontramos por todas partes. La mentira, la verdad. La vida, la muerte. Lo masculino, lo femenino. Todo se confunde. Admito que es bastante desestabilizante, pero al mismo tiempo (en mi opinión) muy fascinante. Lleva inevitablemente a cuestionarse sobre qué es la verdad si no una mentira a la que todos creemos. «…quienquiera que miente sabe que al mentir está defendiendo algo en lo que cree». Es una de mis citas favoritas de todo el libro. Esta frase me hace pensar en una cuestión.
"No encontrarás la paz evitando la vida", Virginia Woolf
Se trata de la ambigüedad entre hombre y mujer que se escoge a lo largo del cuento. Creemos que el protagonista es un hombre (y de hecho habla de sí misma en masculino hasta la mitad del libro casi), pero de repente nos revela su nombre y, desde allí empieza a utilizar el femenino. Se llama Orlando. Pues sí. El Orlando (o, mejor dicho, la Orlando) de Virginia Woolf. Estamos en frente de la continuación de la obra de la famosa autora inglesa, pero con una pequeña diferencia: esta vez Orlando no es un hombre que a mitad de su vida se convierte en mujer, sino una mujer que para poder seguir viviendo en una relativa seguridad, está obligada a disfrazarse de hombre. La originalidad de este personaje yace en que es mujer, pero no lo percibimos hasta que no se desvela. Leyéndolo, uno no se cuestiona en ningún momento que la protagonista pueda ser un hombre. La marca del masculino nos hace pensar en un hombre, pero nada en la manera de razonar de Orlando nos hace pensar en una mujer. Los pensamientos de Orlando son los pensamientos de Orlando, no los de un hombre o de una mujer. A pesar de que la ambigüedad sexual (entendiendo con este término el sexo biológico) es la característica principal del personaje, Orlando no se define como “hombre que sabe razonar como una mujer”, ni como “mujer que sabe razonar como un hombre”. Ella, Orlando es un ser sin género. Su mente no está vinculada a ningún estereotipo de género. Si Virginia Woolf decía que un escritor, para ser un buen escritor, tiene que saber crear personajes (tanto femeninos como masculinos) creíbles, pues Rosa Beltrán hace el paso sucesivo: ella crea simplemente personajes, seres sin género.


 

Same person.

       No difference at all.

                   Just a different sex.

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